
El ministro de Seguridad Nacional israelí Itamar Ben Gvir afirmó que «todo el Líbano debería ser nuestro patio de juegos, todo el Líbano debería ser nuestro objetivo», rechazando la distinción entre el país y Hezbollah: «No acepto este enfoque artificial.» Sobre la presión estadounidense fue tajante: «Trump no tendrá que rendir cuentas a los residentes ni al público. Mi hijo está hoy en el Líbano, no el hijo de Trump. Por eso digo que hay una línea roja.» Pidió que si Trump le exige a Netanyahu retirarse del Líbano, la respuesta sea «señor presidente, no», y no solo a la retirada sino también a cualquier instrucción de no atacar determinados lugares, expresando su esperanza de que Netanyahu «se mantenga firme contra Trump como lo hizo contra Obama y Biden.» Resumió su postura con crudeza: «Mil madres libanesas pueden llorar, pero ni una sola madre israelí.»
Sobre la polemica de la flotilla, relató haber rechazado la sugerencia del Ministerio de Relaciones Exteriores de dar sándwiches a los activistas: «¿Les voy a dar sándwiches? Les voy a mostrar quién manda. Le dije: estás hablando con Ben Gvir, son simpatizantes del terrorismo, no les voy a traer sándwiches.» Sobre Irán y Hezbollah defendió una postura de fuerza permanente: «No tiene sentido hacer compromisos ni firmar acuerdos con los iraníes. Hay que bombardearlos, y luego bombardearlos de nuevo, y otra vez. Lo mismo con Hezbollah: sigan bombardeándolos una y otra vez. Así es como funciona. Que me condenen si quieren, que digan lo que quieran en el mundo, yo realmente creo esto.» Sobre Trump concluyó: «Hay cierta ingenuidad aquí, una ingenuidad americana.»
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